Desde la cátedra

Trabajamos con el convencimiento que el quehacer del diseño nos demanda un compromiso: estar en presencia. Hay que ponerle el cuerpo, construirlo, interpelarlo y volverlo a construir.
El quehacer del diseño requiere sensibilidad, cabeza, paciencia y entrega. Esto es lo que estimulamos que aparezca en el taller, porque el diseño también es eso: un acontecimiento. Para que acontezca trabajamos con un criterio de artesanía buscando ver, en el grupo, el uno a uno de cada alumno.

Acompañamos la maduración de su pensamiento proyectual y estimulamos a que pueda desplegarlo en sus producciones permitiendo la expresión de lo propio. Fomentamos el encuentro entre: la reflexión crítica, la conceptualización de los problemas y una resolución técnica rigurosa. Y, además, asumimos el riesgo de la propuesta se juegue con la mayor cuota de osadía posible.

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